Te contamos un caso real: Cómo recuperarte de tu dolor crónico, ¡incluso si has probado de todo!

A veces el dolor se instala resistiéndose a irse. Tratas de callarlo con analgésicos. Sin darte ni cuenta te vistes (o te visten) con la etiqueta de «dolor crónico». Finalmente te haces a la idea de que tendrás que acostumbrarte. 

Tus amigos opinan. Tus familiares te piden que mantengas la calma, como si la quietud fuera el milagro para sentirte mejor. Vas de profesional en profesional tratando de encontrar una solución a tu gran problema. 

Poco a poco no solo se ve afectada tu calidad de vida sino que acabas perdiendo toda esperanza de recuperación.  

Desde la Clínica JJ Boscà comprendemos el problema al revés. Sí, has leído bien y si sigues deslizando la pantalla puede que te sorprendas aún más. 

«Sufrimos más por lo que imaginamos que por lo que realmente ocurre.» JJ Boscà

¿Qué te cuenta tu dolor corporal?

El dolor es una respuesta de tu cerebro a una preocupación que experimenta en una de tus zonas corporales. Es un poderoso aviso de que ahí algo no va del todo bien.  

El cerebro recoge las sensaciones provenientes de los nervios periféricos y analiza la situación en función de toda la información disponible en tu «disco duro». 

¿Me sigues? Las horas de lectura sobre sintomatología en Google, te condicionan. Tus propias creencias sobre lo que te está ocurriendo, te condicionan. Tu historia personal, quien te ama y opina, tu contexto, todo entra en juego para elaborar tu respuesta dolorosa. 

En otras palabras, lo que tú pienses es decisivo tanto para tu sensación de dolor como para tu recuperación. 

La buena noticia es que depende en gran parte de ti. De tu manera de ver las cosas. 

En nuestra Clínica de fisioterapia creemos en la salud integral. Y como creer no es suficiente, hoy te quiero contar el caso de Miguel. 

Dolor lumbar crónico

El agudo caso de dolores lumbares de Miguel 

Hace 3 años Miguel tuvo que dejar de correr. Me refiero a nivel deportivo. Aunque también dejó atrás su trabajo, sus actividades diarias y qué te voy a contar de su estado de ánimo. 

Tras múltiples episodios de dolor lumbar agudo sentía que no le quedaba otra que cerrar la puerta a lo que era una vida activa y feliz. 

Desesperado por la intensificación de su dolor crónico acudió a profesionales que le aconsejaron una intervención poco frecuente denominada discólisis percutánea. Lo que viene siendo una promesa en forma de inyección de ozono en el disco herniado. 

No funcionó. Sus síntomas seguían siendo los mismos y la imagen que tenía de su propia columna vertebral se volvió aún más frágil. El miedo se apoderó de sus movimientos, transformando su manera de estar en el mundo para evitar sufrir más.  

Vence los mecanismos del dolor reeducando tus creencias

Cuando Miguel llegó por primera vez a la Clínica tenía kinesofobia. 

«Es difícil no sentir dolor, ni miedo a moverme (kinesiofobia) cuando pienso que mi espalda se va a romper o dañar si lo hago

Así que el primer paso para su recuperación no podía ser manipulando su cuerpo. 

—¿Pero no es lo que ofrece normalmente una Clínica de fisioterapia? ¿Actuar sobre la parte física? 

Bueno, cuando las personas son más importantes que su patología, no siempre. Y ese fue el caso de Miguel. 

Para rebajar el grado de preocupación, reducir la incertidumbre y la angustia, primero tenía que conocer su patología y la función del dolor en su cuerpo. 

Miguel tenía que experimentar un cambio cognitivo que le ayudase a afrontar gradualmente sus actividades más dolorosas y temidas.

Comprender cuál es la causa del dolor y sus mecanismos permite tener más control sobre nuestro problema.  

A más entendimiento, más control y menos dolor. Curioso, ¿no?

Recupera tu vitalidad cambiando tu mentalidad

Dime cuál es tu pasión y encontrarás tu motivación. 

Para él, la renuncia al deporte había sido sin duda la más complicada. Le habían dicho que correr era malo para su espalda y puesto que le dolía, se lo creía. 

Miguel tenía niveles de actividad muy bajos y los tiempos de inmovilidad prolongada en vez de ayudarle agravaban su dolor. 

Paso a paso. Así fuimos. El primer objetivo fue aumentar progresivamente los pasos diarios de Miguel. Luego le propusimos ejercicios de movilidad de la zona lumbar. En un primer momento tenían que ser indoloros y poco amenazantes. 

Fuimos progresando a su ritmo hasta alcanzar los gestos más inquietantes o dolorosos, llegando finalmente a realizarlos con una mayor carga o peso que el que solía levantar en su día a día. 

Cuando su nivel de actividad aumentó lo suficiente y el dolor que experimentaba durante sus actividades diarias empezó a calmarse, iniciamos un protocolo progresivo para la vuelta a la carrera. 

Vísteme despacio que tengo prisa. Empezamos por un ritmo muy cómodo y aumentamos de manera muy progresiva el  tiempo de running. Solo después de haber alcanzado un buen volumen de entrenamiento, empezó a aumentar el ritmo. 

Hombre corriendo recuperacion fisioterapia

Y la fisioterapia clásica en todo esto…

Ninguna técnica, ninguna máquina es válida en todo momento para cualquier persona. Por eso es tan importante para nosotros conocer la historia personal de nuestros pacientes. 

Nos esforzamos en quitar tu dolor, incluso en los momentos más agudos, tomando en cuenta la totalidad de tus circunstancias. Ese es nuestro reto. La persona antes que su patología. 

Miguel llegó muy delicado así que le aplicamos técnicas manuales suaves como el masaje o las movilizaciones de la zona lumbar sin generar ningún dolor para no ocasionar un aumento de los síntomas. 

Poco a poco las técnicas pasivas dejaron paso a un tipo de terapia activa basada en el ejercicio terapéutico.

El poder de la mente que ayuda al cuerpo 

Miguel es el vivo ejemplo de cómo superar el miedo a sufrir puede ayudarte a decirle adiós a un dolor crónico. Actualmente se encuentra bien. A veces vuelve algún dolor puntual en su día a día, pero ello no le impide seguir disfrutando de las actividades que le gustan. 

Ha vuelto a correr. De hecho, la última vez que vino a visitarnos a la Clínica fue por unas molestias en la pantorrilla que sentía tras haber aumentado el ritmo corriendo. ¡Quién te ha visto y quién te ve, Miguel! Tu coraje y valentía son un gran ejemplo de que cuando se quiere, se puede.

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